viernes, 26 de agosto de 2016

Miedo a perder.

He tenido el mejor verano de mi vida. No me puedo quejar. El año pasado fue uno de los peores. Este ha sido ejemplar, para rememorar. He sentido sensaciones que pensaba que no tenía, he experimentado cosas buenas y he hecho nuevas amistades. Pero en todo hay una parte oscura, por mínima que sea. He sentido miedo. Un miedo que no sentía desde hace mucho tiempo. Miedo a perder. Miedo a perderme. Estoy en constantes batallas con mi mente. Con mis sentimientos. Conmigo misma. Tengo miedo a perderme, de nuevo. A hundirme y no salir. A perder la batalla contra la vida. A que me aplaste un día sin yo verlo. He tenido emociones que me encantaría que hubiesen llegado a más, pero tuve que cortar de raíz. Arrancarlas como si de malas hierbas se tratasen. Eso ha supuesto un roto más en lo que solía ser un corazón. Mi corazón. Ya estoy acostumbrada. Mi corazón es como el cristal, una vez roto los trozos no se pueden volver a unir como lo estaban antes. Pero esa es mi rutina. Ya estoy acostumbrada. Acostumbrada a tener miedo a perder. Acostumbrada al dolor que supone tener un trozo de cristal roto más. Pero la vida no sólo se basa en malos momentos, también hay buenos. Y he vivido muchos. Pero tengo miedo a que esos buenos momentos acaben aplastados y reducidos por los malos.

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